
Una necrópolis da la espalda al sol, dibujando sus finas figuras en una mezcla de luces y sombras.
De esta manera recuerda las variables de la vida de los que allí yacen, de los que alguna vez vieron la luz vital del mundo de los vivos y hoy transitan la opaca oscuridad del recuerdo de aquellos que los conocían junto el anonimato de los que jamás sabrán quienes yacen en las frías bóvedas.
