
Mientras la ciudad desarrolla sus propios códigos los arquitectos sueñan con ella y la modelan de manera caprichosa.
Cada visión es una ilusión, cada vista es algo cambiante.
Mientras el arquitecto sueña con la suave onda de la curva, la ciudad dicta el recto borde del fin del edificio.
A manera de capricho un semáforo erguido parece sostener el conjunto sobre un espacio que parece unido frente a la imperfecta vista humana.