
No importa donde se encuentren.
Ya sea en la remota África o en las antípodas del Japón, los aeropuertos son la forma más impersonal de la presencia humana.
Nacidos para ser eslabones de la cadena aérea entre distintos puntos de nuestro mundo, cada aeropuerto no es más que un lugar de paso carente de calor o toque humano.
Ideados para el corto plazo de una estadía representan una zona donde se interrumpen las nacionalidades, se intercambian los idiomas y los extraños a menudo se convierten en conocidos durante la breve estadía en él.
Recuerda que en un aeropuerto ya no eres tú: eres solo un asiento en un vuelo con un horario determinado y lo única que te muestra ante el mundo son tus valijas que te etiquetan de modo mínimo a una representación de lo que eres.